miércoles, 15 de septiembre de 2010

Microhistoria XV

Puedes gritar, saltar, cerrar los ojos y respirar. Acariciar, morder, revolverte y gemir. Tocar, arañar, moverte muy deprisa… o muy despacio. Puedes chillar, maldecir o llamarme lo que quieras. Pero nunca, nunca, vuelvas a hacer lo que has hecho hoy.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Microhistoria XIV

Olvídate de pensar. Ni lo intentes con comentarios ingeniosos. Tú sonríe, y punto. Pon tu mejor cara de póker. Tú, como si no sintieses nada. Si te hieren, sonríe con más fuerza. Que no vean que encontraron un punto débil. Recuerda que cada una de tus lágrimas es la diana perfecta para la siguiente puñalada. Limítate a aparecer en el momento más interesante, y desaparece cuando parezca que la atención se centra en ti. Recuerda que siempre serás el público, nunca el protagonista. Ahora ya puedes salir al escenario.

Microhistoria XIII

Hoy no puedo dormir. No dejo de pensar en tus labios, pero es como si se evaporasen cuando intento tocarlos. No puedo evitar pensar en la cantidad de caras que me perdí. ¿Es posible que, como no pude verte entonces, te sienta ahora con mayor intensidad?

Hoy te he tenido a menos de un roce de distancia. Pero no podía tocarte. No como yo quisiera. Siempre me ha gustado el teatro, pero hoy lo he odiado. Lo he odiado con todas mis fuerzas.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Microhistoria XII

Esbozó una sonrisa incompleta. Se hacía la tonta, como si nada pudiese afectarle. Pero un día, sin más, desapareció. Sin avisar a nadie, sin despedidas incómodas. Recogió las cuatro cosas que más le importaban, las abrazó muy fuerte, y las metió en su vieja camioneta. Luego condujo hasta que se puso el Sol. Cuando ya no podía ver sin encender las luces, paró frente a un lago. Sacó una botella de tequila y se la bebió. A tragos cortos, como le había enseñado su padre. Cuando quedaban apenas unas gotas, encendió una cerilla, rompió la botella en el asiento contiguo, y lo incendió. Se quedó mirando el fuego y, cuando no pudo más, accionó el motor. Muy despacio, hundió el coche en el lago. Imagen digna del mejor espectáculo. Recordó aquel día contigo. Se detuvo en cada uno de los detalles. El olor de tu pelo, el sabor de tu piel, el sonido de tu risa nerviosa.

Nunca se encontró el coche, ni la botella, ni su cuerpo.

Sólo una nota sobre la mesa de la cocina: “Te mereces algo mejor. Lo sabes tú, lo sé yo”.

sábado, 4 de septiembre de 2010

Microhistoria XI

Oculto. Enterrado. Lineal. Iluminado. Estrecho. Largo. Angosto. Frío. Terminado.

Nervioso.

Bienvenido. Rojo. Oscuro. Pequeño. Misterioso. Intrigante. Silencioso. Cálido. Sensual.

Excitado.

Húmedo. Rítmico. Inabarcable. Abarrotado. Agrupados. Desconocidos. Invitado. Aceptado. Sexual.

viernes, 3 de septiembre de 2010

Microhistoria X

Sí, lo sé. Soy idiota. Lo reconozco. No sé si tengo remedio o no. Tampoco sé por qué lo hice. Ni si me arrepiento. Lo cierto es que hace tiempo que no entiendo muchas cosas que me pasan. Es cierto que tampoco me he parado a intentar entenderlas. Me limito a sentirlas. Y ahora me siento fatal. No puedo prometer que no lo volveré a hacer, porque soy especialista en meter la pata hasta el fondo. He tenido una tarde espantosa, imaginando tu venganza. No entiendo lo que me pasa, sólo sé que te echo de menos.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Microhistoria IX

No quiero escucharte más. Quiero sentir la lluvia caer y el sol quemar mi piel. Quiero oír arrastrarse las hojas y percibir el olor a tierra mojada. Sentir el suelo firme de piedra bajo mis pies. Saber que el mar queda lejos pero puedo llegar algún día. Que todo vuelve a empezar... pero esta vez será diferente.

martes, 31 de agosto de 2010

Microhistoria VIII

Hubo un tiempo en el que hubiese dado cualquier cosa. Cada una de tus tonterías me parecía una historia alucinante. Me he vuelto coleccionista de momentos pasados. Como aquél en el que chapoteabas bajo la lluvia. O aquel otro, en el que me sonreíste de pura vergüenza. Pero ya todo ha cambiado. No es lo mismo y no entiendo el por qué. Has perdido la magia. O yo. No sé.

domingo, 11 de julio de 2010

Microhistoria VI

Estaba triste y no sabía muy bien por qué. Sólo tenía la sensación. Caminaba sin un rumbo concreto, mirando al vacío. De repente algo trajo el viento, que se quedó revoloteando delante de forma caprichosa, como si quisiese atraer toda su atención. Lo miró. Nunca había visto nada igual. Era precioso. Su humor cambió a medida que observaba el seductor movimiento. Empezó a seguirlo, centrando toda su atención en él. Dejó de mirar al suelo. Dejó de mirar nada que no fuese aquello tan hermoso. El movimiento se aceleró y empezó a correr tras él. Al principio había intentado mantener la distancia, pero ahora quería coger aquello. Lo quería para sí. Quería acariciarlo y protegerlo. La persecución se volvió más violenta. Aparecieron obstáculos. Los saltó. Los apartó. Los empujó. Sin mirarlos. El viento quiso jugar más fuerte. Empezó a ascender. La mirada cada vez era más forzada. Cada vez más arriba. Ya no valía de nada saltar. Imposible alcanzarlo. Entonces el suelo desapareció bajo sus pies. Un paso antes estaba, ahora ya no. Cayó al vacío. Cayó fuerte. Con todo su peso. Dejó de ver. En la oscuridad, dejó escapar una lágrima. Estaba triste y ahora sabía por qué.